
Mi labor docente abarcó varios aspectos clave:
Durante mi estancia en el corregimiento de La Chorrera, desarrollé un proceso educativo integral con enfoque intercultural y situado, enfocado en el fortalecimiento de los aprendizajes de los niños y niñas de básica primaria, especialmente de los grados 4° y 5°, en la sede Santa Teresita del Niño Jesús.
Este trabajo me permitió comprender que la enseñanza en contextos rurales indígenas no puede ser replicada desde modelos urbanos; debe nacer del diálogo, el respeto y la conexión profunda con el entorno y su gente
Diseño e implementación de unidades didácticas contextualizadas, abordando temas como el cuidado del agua, la biodiversidad amazónica, la cultura ancestral y la vida en comunidad, integrando saberes locales con los contenidos del currículo nacional.
Adaptación pedagógica a las condiciones rurales, haciendo uso de materiales reciclables, elementos del entorno (como semillas, plantas y recursos naturales) y estrategias orales y visuales, reconociendo las limitaciones tecnológicas de la región.
Trabajo colaborativo con la comunidad educativa, incluyendo madres, padres, líderes indígenas y sabedores tradicionales, con quienes articulé actividades que rescatan el valor de la chagra, los relatos orales y las prácticas culturales propias.
Revisión y reflexión crítica del Proyecto Educativo Institucional (PEI), identificando oportunidades para fortalecer el componente intercultural y proponer acciones que vinculen más estrechamente la escuela con el territorio y la identidad indígena.
Acompañamiento y escucha activa de los estudiantes, promoviendo un ambiente de confianza, respeto y valoración por su lengua materna, sus costumbres y formas de ver el mundo.

Logros, desafíos y una reflexión desde el corazón de la selva
Logros alcanzados
Durante mi voluntariado en La Chorrera, pude implementar estrategias pedagógicas contextualizadas que conectaron los contenidos escolares con la vida cotidiana de los estudiantes. Logré diseñar y desarrollar unidades didácticas en torno al cuidado del agua, la biodiversidad amazónica y la cultura ancestral, integrando recursos del entorno como semillas, hojas, cantos y relatos. Se fortaleció el vínculo entre la escuela y la comunidad, involucrando a sabedores indígenas, madres y padres en espacios de diálogo y aprendizaje conjunto. Uno de los logros más significativos fue ver cómo los niños y niñas se reconocían en lo que aprendían, y cómo la palabra "escuela" se transformaba en un espacio de identidad y pertenencia. .
Desafíos enfrentados .
Sin embargo, no fue un camino fácil. Me enfrenté a limitaciones materiales y tecnológicas, a un contexto de movilidad restringida por razones de seguridad, y a una brecha significativa entre los contenidos curriculares oficiales y las realidades culturales del territorio. Descubrí además lo complejo que puede ser enseñar en un entorno donde el idioma español convive con lenguas originarias que, lamentablemente, están en riesgo de desaparecer por el desuso entre las nuevas generaciones. En muchos casos, los niños ya no dominan la lengua de sus abuelos, y esto dificulta la transmisión de saberes tradicionales. A esto se suma que la lógica del tiempo escolar no siempre se alinea con los ritmos de la selva ni con las prioridades comunitarias, lo que exige flexibilidad y un profundo respeto por los modos de vida del territorio..
Reflexión personal
Esta experiencia me cambió profundamente. Me mostró que ser maestra no es solo pararse frente a un grupo con un cuaderno en la mano, sino entender el contexto, escuchar con empatía, respetar lo diferente y ser capaz de aprender con humildad. Me enseñó que enseñar en la Amazonía es también dejarse enseñar por ella: por sus ríos, su gente, sus silencios y sus resistencias.
Hoy, más que antes, sé que quiero ser una educadora que camina el territorio, que reconoce en cada niño y niña una historia que merece ser escuchada, y que trabaja por una educación que no excluya ni imponga, sino que florezca con el ritmo y la voz de cada lugar.